Casi dos días sin salir de casa.
Casa era mi prisión.
Prisión de rústicas paredes.
Paredes con escalones seductores.
Seductora la sombra.
Sombra que andaba merodeando en mi tejado.
Tejado con rampas y goteras.
Goteras de un llanto.
Llanto que invade la madrugada.
Madrugada de frías pesadillas.
Pesadillas que mortifican mi vida.
Vida que ha perdido el sentido del deseo.
Deseo se marchó junto con la llave.
Llave de dientes amarillos.
Amarillos como los últimos huevos.
Huevos revueltos.
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